Diálogo 2.0 en San Petersburgo

* Publicado en Ficciones PPF

Mi primer cigarrillo en el balcón del primer hostel en San Petersburgo se vio acompañado de un iniciático y extraño diálogo con un compañero de habitación. Un ruso de no más de 20 años salió también a fumar y empezó a hablarme, en su propio idioma por supuesto. Le dije que no hablaba en ruso, solo en inglés y español, pero el decidió continuar emitiendo palabras. Fue breve porque yo ya estaba finalizando mi cigarrillo.

Me senté en la cama y seguí con mis cosas en la computadora. A los 15 minutos me llamó. Algo malo pasaba con su computadora. Interpreté que necesitaba ayuda. Me acerqué mientras él seguía emitiendo palabras que yo no entendía. La encendió y apareció una pantalla de fondo negro, donde daba opciones para iniciar Windows. Entre que mis conocimientos informáticos no son mayores que los de cualquier usuario con experiencia, sumado a que estaba todo en ruso, no pude colaborar demasiado. Aparentemente solo lo dejaba iniciar Windows en modo de prueba de fallos, por lo cual no podía hacer nada una vez que ingresaba a su escritorio. Durante estos diez minutos que duró mi intento de ayuda él siguió hablando en ruso, suponiendo que había alguna oportunidad que yo comprendiera algo. Me disculpé en inglés y me retiré nuevamente a mi cama.

Todo indicaba que era algún tipo de costumbre del país, ya que más tarde, en la cocina, otros dos señores comenzaron a hablarme en ruso y no se disuadieron de continuar su empresa pese a que, nuevamente, señalé que solo sabía español e inglés. Decidí permitir que se expresen todo lo que quisieran, alternando expresiones fingidas de haber entendido algo y otras más sinceras de no entender nada, hasta que se cansaron y siguieron con otra cosa. Varias veces se repitieron situaciones similares durante mi estadía en Rusia.

Cerca de la medianoche, el joven ruso me vio en un sillón cercano a la cocina y otra vez comenzó a hablarme. La situación me tenía cansado y, además, sentía cierta curiosidad. ¿Por qué tanto interés en dialogar conmigo? Evidentemente yo le resultaba extraño, ya fuera por mi aspecto general, mi vestimenta y mis modos. Creo que también que, al estar con sus padres y sin presencia a la vista de jóvenes de su edad, quizá tuviera necesidad de tratar con alguna suerte de par.

Le señalé el lugar junto a mí en el sillón, abrí el traductor de Google y un teclado virtual con el alfabeto ruso, y le sugerí que dialogáramos de ese modo. Así sostuvimos una conversación casual de hostel durante unos 45 minutos, pero utilizando herramientas digitales que nos permitían expresarnos en nuestro propio idioma. Sería importante aclarar, no obstante, que las traducciones no son perfectas y el chico ruso parecía errarle a algunas letras, tal vez por la falta de costumbre en el uso de ese teclado. Aun así, pude enterarme algunas cosas de su vida y de sus vacaciones en San Petersburgo con su familia.

Al preguntarle por su ciudad natal, se paró, caminó unos metros y me lo señaló en un mapa muy grande colgado en la pared. Se trataba de Volgogrado, una ciudad de un millón de habitantes, ubicada al sur de Rusia, en la convergencia de los ríos Volga y Tsaritsa. En tiempos de la Unión Soviética, fue conocida como Stalingrado desde 1919 y adquirió relevancia por ser el sitio de mayor disputa bélica durante la 2da Guerra Mundial. “¿Es interesante para visitar?”, pregunté. Tras leer la traducción, hizo el gesto de pulgar arriba con la mano.

Hubo tiempo también para intercambiar algunas humoradas y un puñado de impresiones sobre la belleza de las chicas rusas. Vaya a saber uno como habrá traducido el Google algunas de mis expresiones más informales; lo cierto es que los últimos diez minutos del diálogo reímos con ganas. Luego su madre le dijo algo en ruso, me saludó y se fue a dormir.

Me quedé sentado unos diez minutos, sorprendido por como la revolución de Internet ha modificado las condiciones materiales de la existencia. Cuando uno piensa que ha comprendido el impacto de estos desarrollos tecnológicos, aparecen nuevas posibilidades, nuevas alternativas, nuevas potencialidades.

Acostumbro a ser muy crítico del modo en que, en general, se utilizan estas tecnologías y como en muchos casos nos aleja de una vida más plena, real y experimental; sin embargo, me niego a concluir un balance negativo acerca de Internet, al menos por ahora. Se trata de la invención tecnológica de mayor impacto democrático (en el amplio sentido de la palabra) en la cultura desde la imprenta de Gutenberg en el siglo XV. Es un fenómeno de colectivización y masificación del conocimiento y la comunicación.

Veo riesgos a largo plazo, a partir de cómo la utilización compulsiva y ciertos comportamientos vinculados a estas tecnologías impactan en el desarrollo individual y social de las personas; veo un proceso que nos está llevando, lentamente, a vivir de manera cada más virtual y menos real. No obstante, no deseo extenderme al respecto en este breve texto. Se trataba simplemente de relatar una curiosidad, una conversación común y corriente, pero desarrollada de una forma no convencional; en vivo y en directo con la computadora de intermediario. Un diálogo, a su modo, 2.0.

 

NC

San Petersburgo, Rusia

Julio de 2012

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