“Tener”: dos breves comentarios

* Publicado en Ficciones PPF

Lugar: habitación de un hostel en Madrid. Fecha: jueves 21 de junio, recién pasado el mediodía. Una chica cubana de unos 25 años, instalada en España con sus padres desde hace un buen tiempo, se refire de este modo a la salida del país caribeño: “En Cuba no se puede tener nada. Las cosas no te pertenecen. Con decirte que si estás fuera del país más de 11 meses pierdes la casa”. Habla menos de dos minutos respecto al tema, en el cual se descubre el deseo de ser dueña de ciertos objetos (¿Lo habrá heredado de sus padres). Por alguna razón, no le alcanza con la utilización de las cosas, sino que necesitaba poseerlos.

Rápidamente dirijo el diálogo hacia otros terrenos un poco más triviales. Pienso que mi visión sobre el tema va a entrar en contradicción con su postura y no estoy interesado ahora en iniciar una discusión filosófica acerca de la propiedad. Además, reconozco que existen personas a las que le resulta inadecuado e injusto hacer planteos de izquierda, cuando uno no ha vivido en carne propia la realidad de un estado que se caracteriza a sí mismo como socialista. Tampoco encuentro la astucia necesaria para construir preguntas que no amenacen la cordialidad del diálogo.

Lugar: las calles de Madrid. Fecha: sábado 23 de junio, alrededor de las 8 de la tarde (oscurece después de las 10, es una locura!). Una chica estadounidense de unos 25 años, universitaria y viajante, relata como su padre había comenzado, de un momento a otro, a comprar objetos que genéricamente podrías llamar “tecnológicos”, como un televisor de 72 pulgadas o un Ipad. “Lo más increíble es que casi no los usa!”, agregó riendo. “Los estadounidenses (ella usó la expresión “americans”, la cual yo nunca usaré ni siquiera en una cita) tienen un gran obsesión por comprar cosas”.

Recordé en ese momento mi penosa vivencia del Black Friday en Manhattan, tras el Día de Acción de Gracias en noviembre pasado, y ella me miró sorprendida. “¿Estuviste en el Black Friday en Nueva York?”, y añadió nuevamente entre risas que no me envidiaba para nada. “Ahí me di cuenta los graves problemas que tiene la sociedad estadounidense en cuanto al consumo y la necesidad de tener”, respondí. Ella asintió con cierta gravedad en el rostro, sin risas, y añoró en voz alta que tal vez eso cambie algún día.

 

NC

Madrid, España

Junio de 2012

 

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