Una foto para los marcianos

* Publicada en Panorama Negro

Almorzábamos en el Aeropuerto de Ezeiza, previo a mi partida hacia Nueva York. La mayor parte del diálogo quedó en el olvido, pero una de las frases que dijo mi padre llamó especialmente mi atención. “Si habría que mandarle una foto a los marcianos para que sepan cómo somos, sería de Nueva York”. La idea de visitar una ciudad que representara a la humanidad de este siglo XXI (al menos en la visión de mi viejo) me impresionó.

Previo a viajar, leí “El caminante” de Hermann Hesse, que me inspiró a escribir algunas impresiones de viaje. Hesse toma pequeñas cosas de un camino que emprendió por lugares recónditos de Europa Central, intercalado con algunos poemas. Son escritos que buscan traducir a letras lo que él obtiene a través de su observación, con el detalle propio de quien expone sus sentidos a lo que el mundo le va ofreciendo.

Tomé prestada la idea de que el caminar ofrece la posibilidad de trasladar a textos eso que el mundo ofrece. Estos escritos son, por tanto, esbozos, pensamientos, sensaciones, ideas, reflexiones, surgidas del recorrido de esta ciudad y sus alrededores.

Nueva York es a esta etapa histórica, lo que Roma hace un par de miles de años, durante el apogeo del Imperio Romano. Es la capital del mundo. Allí están contenidos las virtudes y defectos de la cultura dominante actual. Es el lugar donde se concentran las características y contradicciones del sistema capitalista; allí están los símbolos, costumbres y fenómenos de cualquier metrópolis capitalista, pero llevado a extremos, tanto en su obscenidad como en su belleza.

La maquinaria del sistema dominante se expone en su excluyente modo de incluir. Hay lugar para todo aquel que tenga una actividad que le permita producir y consumir, siempre desde adentro del propio sistema.

En el marco de esta cultura dominante, se incluyen múltiples subculturas, propias de una ciudad que supo recibir abundante inmigración europea, asiática y latinoamericana, pero cada subcultura tiene su propio lugar, o gueto, para ser más precisos. En algunos casos hasta se identifican con el nombre, como Little Italy o Chinatown. Los negros también tienen sus barrios, pese que pasaron más de 40 años de la muerte de Martin Luther King.

La discriminación se muestra sutil, escondida, agazapada, como en todo el mundo capitalista. En las ocupaciones, por ejemplo. O, como decíamos, en el barrio que habitan. Difícilmente encuentren a un blanco siendo chofer, o viviendo en Harlem. Es una ciudad multicultural y abierta, pero en los límites que impone el sistema por su propia lógica. Todos tienen una amplia libertad, siempre y cuando eso no perturbe los cimientos sobre los cuales se sostiene el capitalismo.

De todas las que conozco, es la ciudad más ambigua que conozco. No es casualidad. La ambigüedad es una de las principales características del sistema capitalista. ¿Dónde, sino en Nueva York, podía mostrarse esto de manera tan clara? Se ven expuesto a la vista del ojo inquieto todas las ambigüedades posibles de la metrópolis de estos tiempos.

En el centro de una ciudad claramente manipulada por el hombre, un sitio gigante y característico de Nueva York como el Central Park, donde la mano del ser humano es mínima y allí la naturaleza se desarrolla con libertad, casi en estado puro. Un rectángulo de unas 50 cuadras de largo por 8 de ancho, en medio de gigantes edificios.

Este sitio en estado natural también contrasta con el híper desarrollo tecnológico, expuesto en tiendas que tienen las últimas novedades, pero también con otro simbólico lugar de Nueva York a escasas cuadras del Central Park: el Times Square y sus pantallas gigantes, un espectáculo digno de ver, sostenido por un obsceno derroche energético y monstruosas publicidades que invitan a consumir cosas tan diversas como cámaras de fotos y ropa interior femenina.

En suma, una ciudad donde conviven la invitación a caminar y un gran desarrollo del transporte público, con enormes atascamientos de autos; la riqueza y la pobreza extrema; una gran oferta deportiva (para ver y practicar) con graves problemas de obesidad en la población. Una ciudad donde se puede ver a un hombre de traje comiendo en un puesto de panchos de dudosa calidad, y en la que se accede a numerosas obras de arte pero absolutamente mercantilizadas.

La gran ciudad del mundo de hoy. El símbolo del sistema capitalista. La postal perfecta de la foto para los marcianos.

NC

Nueva York, Estados Unidos

Noviembre de 2011

 

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